El karate-do y la inteligencia emocional
Basándome en el libro de Daniel Goleman «Inteligencia Emocional» y adaptando sus conclusiones al entrenamiento y la práctica del karate-do, paso a relataros mi visión de las emociones en su ejecución :
Nos encontramos en nuestras prácticas habituales en el dojo, distintas situaciones que son parte del bagaje emocional que tenemos que lidiar con nuestros alumnos y participantes. El entrenamiento requiere de situaciones que rozan, desgastan y a veces chocan con el temperamento de los practicantes, y hacen que los sentimientos afloren y la mayoría de las veces no sepamos lidiar con ellos. Respuestas como : «con éste compañero no quiero entrenar porque es muy bruto» , «es demasiado flojo» «me siento incómodo/a con él» «sabe muy poco» etc…
Ante estas situaciones, dar una respuesta adecuada, a cómo reaccionar por parte del maestro, nos hace actuar a veces más de psicólogo que de profesor (sensei).
Cuando practicamos karate tradicional , el mensaje de los maestros siempre ha sido el de evitar sentir emociones en su desarrollo. Pero poder desligar los sentimientos de dicha práctica, requiere de una maestría al alcance de pocos; nuestra razón casi siempre se ve desbordada por los sentimientos. El objetivo de este artículo es poder entender y tener una mejor comprensión de la emoción, poder llegar a resolver el significado -y el modo- de dotar de inteligencia a los sentimientos.
Son las emociones, las que nos permiten afrontar situaciones difíciles. Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción, cada una de ellas nos prepara para seguir una dirección correcta y nos hace reaccionar de la mejor manera posible para resolver una situación, bien sea de peligro o de cualquier otra circunstancia en que la razón no encuentra la solución correcta.
La división de estos dos conceptos , que se encuentran diferenciados entre sí, nos da lugar a una dicotomía entre lo emocional y lo racional, que se asemeja a la distinción popular entre el «corazón» y la «cabeza», saber que algo es cierto «en nuestro corazón » pertenece a un orden de convicción distinto al que nos marca nuestra mente racional.
Existe una proporcionalidad constante entre el control emocional y el control racional sobre la mente ya que , cuánto más intenso es el sentimiento, más dominante llega a ser la mente emocional… y más ineficaz, en consecuencia, la mente racional.
Cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de respuesta :
EL ENOJO aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o golpear a un adversario (útil para el combate) ; también aumenta el ritmo cardíaco y la tasa de hormonas que, como la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas. Controlar el enojo es fundamental para el buen desarrollo de nuestras clases de karate-do.

EL MIEDO, la sangre se retira del rostro ( lo que explica la palidez y la sensación de » quedarse frío «) y fluye hacía la musculatura esquelética larga – como las piernas por ejemplo – favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sólo sea un instante, para calibrar , tal vez , si el hecho de ocultarse pudiera ser la respuesta más adecuada. Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro desencadenan también una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta general, sumiéndolo en la inquietud y predisponiéndolo para la acción, mientras la atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada. Tenerle miedo a un compañero de clase, sólo hace que el ambiente en la clase salga perjudicado y nos lleve a evitar que se relacionen adecuadamente los compañeros entre sí.

LA FELICIDAD consiste en el aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de aquietar los estados que generan preocupación, al mismo tiempo que aumenta el caudal de energía disponible. En este caso no hay un cambio fisiológico especial salvo, quizás, una sensación de tranquilidad que hace que el cuerpo se recupere más rápidamente de la excitación biológica provocadas por las emociones perturbadoras. Esta condición proporciona al cuerpo un reposo , un entusiasmo y una disponibilidad para afrontar cualquier tarea que se esté llevando a cabo y fomentar también, de este modo, la consecución de una amplia variedad de objetivos. El combate con un estado de felicidad, siempre se realizará de forma más enérgica y satisfactoria, consiguiendo mejores resultados. En un ambiente de «buen rollo», siempre se entrenará mucho mejor que partiendo de una sensación negativa.

EL AMOR, los sentimientos de ternura y la satisfacción sexual activan el sistema parasimpático ( el opuesto fisiológico de la respuesta de «lucha o huida» propia del miedo o de la ira ). La respuesta de relajación, implican a todo el cuerpo y dan lugar a un estado de calma y satisfacción que favorecen la convivencia. Este sentimiento, nos hace que cuando realicemos katas, nuestra actitud sea más intensa y por lo tanto la expresión corporal mejore , ostensiblemente.

LA SORPRESA, el arqueo de cejas que aparecen en estos momentos, aumenta el campo visual y permite que entre más luz en la retina,, lo cual nos proporciona más información sobre el acontecimiento inesperado, facilitando así el descubrimiento de lo que realmente ocurre y permitiendo elaborar, en consecuencia, el plan de acción más adecuado. En el combate muchas de nuestras reacciones, van envueltas en una situación sorpresiva por parte del que nos ataca, por lo tanto la respuesta será aquella que pretenda ser más eficaz y consiga el objetivo deseado.

El DESAGRADO, el gesto que expresa este sentimiento, parece ser universal y transmite el mensaje de que algo resulta literal o metafóricamente repulsivo para el gusto o para el olfato. La expresión facial de disgusto – ladeando el labio superior y frunciendo ligeramente la nariz – sugiere, un intento primordial de cerrar las fosas nasales para evitar un olor nauseabundo o para expulsar un alimento tóxico. Es esta una emoción que nos envuelve en las clases, cuando vemos como algunos alumnos rechazan a otros por el simple hecho de no sentirse cómodos practicando con ellos.

LA TRISTEZA consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable. La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales -especialmente la diversión y los placeres – y, cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el metabolismo corporal. Por lo tanto , estar tristes para realizar nuestros entrenamientos de karate no parece lo más recomendable. Guardemos el tiempo de luto necesario , para recomenzar con energías renovadas y más positivas.

Estas predisposiciones biológicas a la acción son modeladas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en el que nos ha tocado vivir.
Sentir las emociones , no es algo que dependa de nosotros, se realizan de una forma irracional, podemos entrenar algunas de ellas para anteponer una determinada reacción, pero entrenarlas y educarlas puede formar parte de un proceso de difícil ejecución.
Comentarios
Publicar un comentario