Las emociones en el karate-do
Basado en una entrevista a la psicóloga y escritora Begoña Ibarrola, he adaptado sus impresiones a las clases de karate , apoyándome en sus conclusiones.
Aprender karate y cualquier otra disciplina, es un proceso que a nuestro cerebro se le da muy bien, e incluso le gusta por los procesos de autosuperación y por la mejora de la coordinación motriz que supone su aprendizaje.
Son un buen punto de partida para la aprobación de nuestro cerebro.
Es cierto, que la ciencia apunta a que aprender y todo el proceso cognitivo ( procesos mentales como la percepción y la memoria ), que se da con el aprendizaje, son un binomio ,donde la cognición y las emociones van juntas. Es una moneda de dos caras que no van separadas.
Hace unos años cuando la neurociencia no estaba tan avanzada, se pensaba que aprender era sólo un proceso solamente cognitivo, que era responsabilidad de nuestro cerebro nuevo ,de nuestra corteza cerebral. Hoy se ha demostrado que esto no era así, que las emociones juegan un papel fundamental en nuestro proceso de aprendizaje, influyen tanto en el que aprende como en el que enseña.
Las emociones , por lo tanto , son las guardianas del aprendizaje. Esto es así porque son las responsables de la memoria. Lo que está claro es que sólo nos acordamos de lo que hemos aprendido con emoción. Es fundamental enseñar karate desde el punto de vista de las emociones ,porque de esta forma , lo que hemos vivido a lo largo de la vida con alguna emoción , se graba en nuestro cerebro de manera significativa y nos hace sentir y percibir el aprendizaje de otra forma.
Casi nunca nos acordamos de todos los profesores que han pasado por nuestras vidas, recordamos a aquellos que fueron buenos y nos enseñaron de una forma que nunca olvidamos. Pero también nos acordamos de aquellos que fueron tan malos que nos dejaron unas sensaciones desagradables, al final se convierte en una cicatriz y esto nunca se olvida. Los que nos han provocado emociones, favorecen el aprendizaje o lo limitan.

Existen unas cuantas emociones que nos ayudan a aprender :
La primera es la curiosidad, porque hace que el cerebro se expanda y preste más atención; pero evidentemente si esta emoción no va acompañada del interés, que no es más que la atención mantenida, poco hacemos sólo con ser curiosos si no prestamos interés. Si algo nos interesa, buscamos información de donde sea, donde esté, quien nos la pueda enseñar.
Luego la confianza en uno mismo, si uno confía en que tiene capacidad para aprender, va a aprender más. Se va a poner retos mucho más complejos y a medida que va cumpliendo esos retos, su medida de autoexigencia va a ser mayor. Primero nos proponemos alcanzar niveles básicos, cinturones de color y, más tarde alcanzar el cinto negro para poner metas en grados de nivel superior (danes).
Pero también es fundamental tener confianza en los demás, por eso el aprendizaje cooperativo es tan importante, porque sé que en un equipo todos los demás no son como yo. A cada uno se le dan bien cosas diferentes: a unos se le dan bien las katas, a otros el combate, a varios, las dos cosas. Pero entre todos, como dicen los japoneses , el equipo es más que la suma de sus miembros. El producto que sale de un equipo no es la suma de uno más uno , es más exponencialmente. Por lo tanto , la confianza en los demás hace que yo sepa que si me equivoco y meto la pata o hago una técnica incorrecta, nadie se va a reír de mi. Se crean entornos seguros de confianza en el dojo y esto potencia siempre el nivel del aprendizaje.
A parte de todo esto, se ha demostrado también, que la calma y la tranquilidad potencian también el nivel del aprendizaje del karate y de cualquier otra actividad porque permite centrar la atención. Es decir, no hay miedo; no hay nada que me perturbe; estoy tranquilo, centrado, estoy concentrado. Por lo tanto, aprendo mejor y presto mucha más atención . Así retengo en mi memoria mucho más las cosas.
Existen emociones que dificultan el aprendizaje , como es el miedo, que limitan el acceso a la memoria. Si nos preparamos para un pase de grados y lo hemos entrenado bien, cuando el miedo y el nivel de ansiedad se disparan , el bloqueo que sufrimos , se hace inevitables y nos podemos quedar en blanco. Si no preparo algo, es normal que no salga bien, pero si lo tengo trabajado y entrenado , el bloqueo nos crea un sentimiento de frustración que nos hace no superar nuestros miedos.
El miedo , la ansiedad y el estrés; alumnos estresados, maestros estresados, todo ello produce bajo rendimiento.
Los problemas de estrés disparan el fracaso porque se entra en un bucle : no sé, no puedo, no valgo, para qué me voy a esforzar, esto es imposible para mí. Pero, en cuanto la persona entra en calma, se da cuenta de que cualquier cosa está a su alcance.
No nos olvidemos que las emociones son como vasos comunicantes, si aumenta la calma ,disminuye el estrés. Si aumenta la confianza, disminuye el miedo. De manera que tenemos que generar emociones que favorezcan el aprendizaje.
Otra de las emociones que limitan el aprendizaje es el aburrimiento. Si yo desconecto, si lo que me están contando ,por un oído me entra y por otro me sale, el cerebro no se queda con ninguna información porque no presta atención. Pero si aumenta la curiosidad, disminuye el aburrimiento, esto siempre es así.
Y otra emoción, que no sólo disminuye el aprendizaje, sino que lo bloquea directamente es la envidia. El aprendizaje competitivo, el estar pendiente al otro, intentando hacerlo mejor que los demás, porque te estás comparando y esto te genera tal tensión que es imposible que te relajes y que te centres en lo tuyo.
Es importante que los maestros , los senseis, comprendan esta relación entre los estados emocionales favorables para el aprendizaje y estados desfavorables para aprender. Es importante conocer como cambiar de un estado negativo a otro positivo, y generar dojos emocionalmente saludables para que todos se sientan mejor y, por supuesto, para que se consigan los resultados óptimos.
La vergüenza, sería también parte importante en el aprendizaje, porque muchas veces nos limita y nos coarta la libertad de entender y practicar sin sentirse observado, sobre todo a los principiantes de nuestra actividad. Darles confianza y seguridad es parte de la misión del maestro , para vencer este sentimiento que casi siempre se vuelve negativo para nuestro desarrollo como karatecas.
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