El estilo y los Grados
Basándome en una locución de radio ( de la cadena dedicada a las artes marciales Podcast Dojo ), sobre las dos trampas del karate moderno; añado mis apreciaciones personales, paso a relatar el siguiente artículo .
Cuando nos encontramos con otro karateca y entablamos conversación , nuestra pregunta más frecuente es saber su estilo de karate y su grado.
Es la línea básica por la cual nos avalamos unos a otros y, además, es la carta de presentación que tenemos de nosotros mismos. Para muchos, el estilo y la escuela nos cierra los ojos a todo lo que no provenga de ella. Es más, muchos karatecas ven con desprecio a otras escuelas. Piensan que solo lo suyo es lo correcto. Solo su escuela está en posesión de la verdad. Utilizamos un montón de calificativos para sustentar esas creencias: «no son tradicionales», «sólo hacen karate deportivo», «tienen posiciones muy altas o muy bajas», «no tienen kime o son muy rígidos», «no son de Okinawa» o «son de Japón», etc.
Todo esto es un error garrafal. Absolutamente nadie está en posesión ni es dueño de la verdad. No hay sistema, estilo, escuela o lucha que sea completo ni absoluto. Un estilo puede ser entendido como un paradigma específico del karate. Pero nos tenemos que preguntar y contestarnos : ¿qué es un paradigma? Paradigma es un modelo o patrón sostenido en una disciplina científica. Significa modelo o ejemplo. Un paradigma sostiene una forma de pensar sobre otras.
En el kárate, al igual que en el mundo científico, pueden convivir diferentes paradigmas. Tienen áreas en común, pero también tienen áreas divergentes.
Por lo general, los paradigmas cubren áreas de un mismo tema; es decir, pueden predecir determinadas áreas de la realidad, pero no todas. Por eso, tenemos diferentes paradigmas, porque ninguno ha podido cubrir toda la realidad de un área de enfoque, sino que existen diversos puntos de vista.

Esto mismo ocurre en el karate. No es posible crear un mismo paradigma sin romper con el antiguo. El kárate es un ejemplo viviente de esto . De ahí la cantidad de estilos y escuelas que tenemos en estos momentos.
Los antiguos maestros sabían esto y eran consciente de que no eran portadores de la verdad absoluta. Por eso trabajaban y entrenaban unos con otros e incluso, permitían que sus alumnos aprendieran con otros maestros. Tenían la valentía de reconocer las cualidades y apreciaciones ajenas y pensaban que otros maestros poseían otras habilidades superiores que posibilitaban un aprendizaje más completo y con un fundamento más real. Además, si piensas que eres dueño de la verdad, dejarás de buscarla. Si estás totalmente convencido de que lo que haces es perfecto, ya dejarás de buscarlo; y lo peor, es que vivirás en un mundo estático y estancado.
Si existe una constante en el mundo, es el cambio. El cambio es imparable: o evolucionas o decaes.
Entonces, si amas tu escuela y tu estilo, busca siempre sus deficiencias, sus ángulos ciegos. Mira cómo otros solucionan los mismos problemas y compara sus resultados con los tuyos. Quizás haya algo para aprender ahí fuera.

Otro error del karate actual , son los grados. Los grados se otorgan en el karateca aprendiz , para premiar el esfuerzo y reconocer su capacidad de mejora física y superación. Pero, esta verdad solo se debería llevar a cabo en una determinada etapa inicial de formación, porque los grados son una convención Psico-social, que poco o nada tiene que ver con el karate como sistema marcial.

A nivel psicológico es un poco superficial encontrar motivación para el entrenamiento en base a la obtención de grados. Esto sólo debería de ser conveniente el la primera etapa como karatecas.
Todos vemos practicantes de karate en otros dojos, que con el nivel de realización y práctica que demuestran, no serían reconocidos como tal, en nuestra escuela. Esto ocurre porque se utilizan distintos criterios para otorgar los cinturones. No porque alguien sea mejor que otro, cada maestro, cada escuela, cada dojo, tienen diferentes criterios y los aplican de forma diferente, pero además, es conveniente recordar al alumno que el grado en sí, vale poco o nada. Es el trabajo, la dedicación y el esfuerzo que representa lo que realmente vale. Si no se entrena el tiempo suficiente y se adquieren los conocimientos necesarios, no sería conveniente realizar pruebas ni exámenes, porque nos engañamos a nosotros mismos y creemos ser mejores de lo que lamentablemente, somos
.Cuando se obtiene el primer dan, se tiene que comprender que aún no se ha logrado nada, sólo los pilares para comenzar a construir. El mismo nivel tiene hoy un cinturón negro como ayer de cinturón marrón. Es decir, el logro ya lo consiguió ayer. Es el karate , la persona y su habilidad lo que verdaderamente importa. El resto sólo desvía la atención del karateca.

Muchas veces, el grado se convierte en una camisa de fuerza que nos inmoviliza , nos atrapa y nos consume impidiendo nuestra capacidad de mejora y desarrollo. Ponerse en el papel del aprendiz es fundamental, incluso, para el maestro más experimentado. Es esto lo que hace crear una evolución y un aprendizaje más amplio, de lo contrario, nuestra mente deja de ser desafiada y nuestro sistema motriz empieza a perder cualidades y nuestra habilidad técnica decrece con el tiempo. También nuestros alumnos sufren las consecuencias del estancamiento del sensei, porque se forman a su imagen y semejanza.
Lo mejor sería transmitir el mensaje de que no existe ningún maestro, sólo estudiantes de menor o mayor nivel, con mayor o menor tiempo de estudio. El maestro debe enseñar a aprender. Por eso el profesor debe ponerse en situación de aprendizaje frente a sus alumnos y de esta forma que aprendan la actitud y conducta del sensei.
Siempre es conveniente aprender de otros maestros; exponiéndonos a lo desconocido, saliendo de nuestra zona de confort, cometiendo errores sin importar quién nos pueda enseñar. Si lo que aprendes te complementa, y por supuesto sin que nuestro grado se interponga en la formación como karatecas.
Cuando el grado empieza a tener valor entramos en un concepto social y en ese momento empieza a perder su sentido. Lo que verdaderamente importa es la habilidad que uno desarrolla y nuestro grado de conocimiento. El resto es sólo HUMO.
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