¿Se sobrevalora el karate?

Los sistemas de luchas son intrínsecos de una cultura, de un país , de unas costumbres, o incluso, como medida de protección de diferentes grupos que se encontraron sometidos en determinadas épocas históricas. Luchar, defenderse o pelear, son consecuencias de un acto e instinto animal que nos lleva a utilizar determinados actos de violencia. En muchas ocasiones , podrían solventarse con diplomacia, educación, negociación y, sobre todo, inteligencia.

Con el paso de generaciones , muchos de estos sistemas de lucha han quedado como un proceso cultural, folklórico , deportivo e incluso, ligados a creencias religiosas del entorno en el que se crean. Muchas veces imaginando un aura de superstición y misticismo; haciendo héroes a los guerreros de determinadas épocas; gladiadores con credenciales de ídolos; semidioses y estrellas del momento; militares, soldados, combatientes y, al final, generando artistas marciales que aluden a aquellas prácticas y tradiciones cuyo objetivo es someter o defenderse mediante una técnica concreta. En muchos casos se excluyen las armas de fuego u otro tipo de armamento moderno.

Siempre se ha aprendido de todos los sistemas de luchas ya creados . A partir de aquí, cada maestro ha ido adaptando y modificando en función a su entendimiento, cultura y tradición, su punto de vista , creatividad y, por supuesto, sus cualidades para orientarnos hacía una forma de combate u otro.

Sobrevalorar una forma de combate u otro no tiene sentido, puesto que todos en general han tenido en algún momento un nexo de unión, que se ha ido desvirtuando o ampliando con el paso de las generaciones. Como ocurre con un mensaje que pasa de interlocutor a interlocutor, a lo largo del recorrido, la información se desvirtúa y suele quedar sólo la apreciación personal del que finalmente lo recibe.

Sobrevalorar a los maestros originarios de estas costumbres no es más que darle un valor, que muchas veces , no se adapta con la realidad de la información requerida puesto que no son sistemas cerrados . Debemos tener nuestra mente más abiertas para contribuir de algún modo a la evolución, propagación y enseñanzas de dichos recursos que nos llegan tras un aprendizaje bien reglado y adecuadamente organizado.

Tenemos que entender que los tiempos cambian y con ellos las generaciones que van adaptándose a un proceso más deportivo y competitivo. Las artes marciales se convierten en deporte, perdiendo en gran medida la esencia para la que fueron diseñadas. Pasamos de un arte de defensa personal real a un entrenamiento deportivo con ideales competitivos. Aunque esto no quiere decir que, a todo aquel que le interese, no pueda profundizar en su historia y filosofía y por lo tanto persiga otros valores mentales y físicos mas profundos.

El deporte nace con el Estado. Es un recurso político para relacionar a los ciudadanos entre sí y relacionarse con otros estados; con cierto nivel de agresión y violencia controlada ( la competición es finalmente vencer al otro ), sustituye, en cierto modo, a la guerra acercándose mas al juego.

El deportista entra en este planteamiento muchas veces sin darse cuenta, pues su carrera depende de organismos oficiales que organizan la competición; de subvenciones estatales, de representación oficial, etc… Tiene la sensación de que es el protagonista, pero cuando falta el apoyo oficial ( el estado ), cae en el olvido y sus triunfos «personales» de nada le sirven. Parecido es lo que le ocurre al deporte llamado profesional.

La práctica personal, dirigida hacía uno mismo, va encaminada hacía la aceptación en un grupo, como vía espiritual, como tradición . Cada uno debe buscar el maestro que pueda permitirle aprender aquello que busca y necesita, para sus fines y planteamientos.

Así que cuando hablamos de formas letales de luchas, sólo podemos mirar hacía los antiguos maestros, y revisar las tradiciones, en el sentido de transmitir sus conocimientos, transformadas en alguna medida, porque no tenemos maestros actuales que tengan esas experiencias y por lo tanto ese conocimiento. Entender que no es obligatorio aprender de estas tradiciones del pasado, pero que todo aquél que lo busque, no debe hacerlo en las nuevas invenciones de luchas creadas, la mayoría de las veces con un ánimo comercial o como forma de espectáculo.

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