Nivel o conocimiento

Decidimos salir un fin de semana y marcharnos a la montaña, a pasear y conocer el entorno de una ruta. Nos hospedamos en un albergue y disfrutamos de la naturaleza. Cuando regresamos a casa y nos preguntan que tal en fin de semana, nunca se nos ocurre calificarlo, es decir, ponerle notas. No decimos si ha sido suficiente, insuficiente o notable, no le damos un apto o no apto, ni le ponemos números. El motivo es bien sencillo, acabamos de vivir una experiencia; por lo tanto, hablamos del paisaje, del tiempo que hizo, de la variedad de animales y plantas que hemos visto y conocido, de cómo se estaba en el albergue etc… Pero, como podéis comprobar, lo verdaderamente interesante es la experiencia vivida y todas las sensaciones que nos produce el camino recorrido; y el tiempo vivido es una situación difícil de calificar, porque nuestros sentidos no tienen un nivel de evaluación.

Cuando decidimos practicar karate-do, entramos en un mundo nuevo con experiencias y valores diferentes a los adquiridos durante nuestra etapa educativa. Vivimos experiencias nuevas, sobre todo en lo que se refiere a nuestra evolución personal, nuestra mejora como seres humanos, nuestra amplitud de conocimientos tanto físicos como mentales y algunas veces todo esto nos envuelve y se convierte en nuestra forma de vida. Pues bien, a todo esto pretendemos calificarlo, primero con cinturones, más tarde con danes y si se nos ocurre competir para que demostremos ser mejores que los demás, necesitaremos que nos evalúen, nos pongan números cuando realizamos nuestras katas, o nos den puntos cuando nos enfrentamos en combate con alguien.

Como podéis observar al principio lo practicamos sólo de una forma introvertida, o sea, para nosotros mismos, y ésta introversión nos hace entender mucho mejor todos los valores de este arte marcial porque en este proceso nadie nos tiene que evaluar, aunque nos tengan que dar cinturones para saber cual es nuestro nivel de conocimientos. Cuando nos planteamos hacerlo para que los demás nos evalúen, se convierte en un proceso de extroversión, o sea, lo tenemos que realizar de forma extrovertida porque son los demás los que me tienen que dar un resultado y por lo tanto, depende de ellos mi avance o retroceso en este proceso competitivo.

Tendemos a pensar que la evaluación es sinónimo de medición, y eso no es así . Es decir , medimos sólo aquello que prestigiamos y pensamos que sólo es importante aquello que medimos. Y esa es una trampa fundamental desde el punto de vista de las notas. Es verdad que a muchos nos da seguridad tener las referencias de las notas y además nos muestra cómo progresamos en el aprendizaje, nos marca cual es el escalón o el escalafón de cómo vamos, aunque casi siempre comparándonos con los demás, y esto no puede ser, no estamos para poner los peldaños por el que se tiene que transitar, son los alumnos los que tienen que ir encontrando progresivamente su camino.

Un examen puede ser un referente de una imagen fija, de una situación de valoración de un contenido determinado (en nuestro caso el aprendizaje de un arte marcial) después de un proceso determinado (unos meses de entrenamientos en nuestra actividad), y a ese examen hay que añadirle una valoración del propio alumno. ¿Tú cuánto crees que sabes ? Defiéndeme lo que tú crees que has aprendido. Evidentemente sin marcar unas cifras, más bien cual es tu nivel de conocimientos de lo aprendido, cuales son las sensaciones de lo aprendido, porque la experiencia es más importante y tiene que tener más valor que cualquier nota.

Cuando nosotros vamos a presentarnos en el sector en el que estemos, lo único que presentamos es nuestra identificación personal, no llevamos nuestro expediente académico . Mas bien, llevamos una serie de avales, de garantías, de evidencias, que muestran exactamente qué somos capaces de hacer (cual es nuestra técnica, nuestro nivel de entrenamientos), no llevamos un curriculum mortis que dice todo lo que hemos hecho, sino más bien presentamos un curriculum vitae, que dice cual es la potencialidad de lo que yo voy a poder aportar en este proceso.

Es evidente que no se pueden educar sin unas directrices de sus maestros (senseis) para que puedan conocer un montón de destrezas o competencias que son positivas. A ser humildes no se aprende con un libro, a tener disciplina no se aprende en el cine, a ser pacientes no se aprende sin constancia y esfuerzo.

No es baladí que una persona sepa trabajar en equipo, tampoco que sea creativo y por supuesto que sepa aportar con su conocimiento para que pueda crear un campo de desarrollo e investigación, porque no conformarse con lo aprendido nos abre un mundo de posibilidades para desarrollar más y mejor todo nuestro arte marcial.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La historia del karate malagueño

Simbología del karate

Respiraciones en el karate-do