La libertad
Los obstáculos más grandes o más pequeños forman parte de nuestras vidas. No es cuestión de liberase de los problemas (que también) sino más bien cambiar nuestra actitud de cómo afrontarlos, verlos como una fuente potencial para aprender. De hecho el Budismo considera que cuando la vida es demasiado fácil tenemos menos oportunidad de crecimiento. Tampoco es un buen plan crear problemas para poder crecer, ni mucho menos. Sino que cuando se te planteen los veas como una oportunidad y aprendas a aceptarlos como una parte inevitable de tu existencia. Muchas veces ante nosotros se cierran puertas pero se abren otras, sólo tienes que aprender a buscarlas.
El miedo, la incertidumbre, la inseguridad que actualmente nos rodean no son más que barrotes que coartan nuestra libertad, que debería ser el bien más preciado que tenemos y quizás el único que se debería defender, no me parece que haya ninguno más importante que éste, ni siquiera el amor, porque en última instancia éste depende de la libertad, porque no se puede sentir amor sin ella, no se puede uno sentir amado si no se es libre.
Por lo tanto la libertad es el eje por el que pasa el desarrollo de las personas, el eje por el que pasa el bienestar , la calidad de vida. Y es tan importante este concepto que no se puede negociar con ella, nunca deberíamos como individuos, como familia, como sociedad ni como nación negociar con ella. Alguien te puede decir , bueno si tú amas a alguien quizás puedes renunciar un poco a tu libertad y esto es muy peligroso , cualquier renuncia a ella no te debe compensar porque abre una puerta sin retorno.
Esta historia basada en un cuento de Jorge Bucay relata y nos cuenta lo que supone la pérdida de libertad :
«Se trata de un pueblo cuya forma de ganarse la vida era toda relacionada con la caza y captura del jabalí, se comercializaba con todo, su piel, sus dientes, su carne, sus huesos etc. Cerca de éste pueblo había una selva, un monte donde se encontraban en libertad muchos jabalíes, era muy difícil cazar un jabalí, cuando se conseguía cazar alguno el pueblo hacía una fiesta y vendía todos sus productos relacionados con éste, de forma que le daba trabajo a todo el pueblo. Cada vez era más difícil conseguir guerreros que se adentraran en el bosque para poder cazarlos, de manera que se propuso conseguir cazadores de fuera , ofreciéndoles una cantidad determinada de monedas por cada animal que consiguieran, un día llegó al pueblo un hombre delgado con el pelo muy largo, con un abrigo de pieles con pinta de cazador y les propuso que él podría traerles cada semana uno o dos jabalíes muertos o vivos como quisieran. Entonces le dijeron que si los traía vivos ( burlándose de él ) le pagarían el doble y en eso quedaron.
Pasada una semana apareció en un carro con una jaula y dos jabalíes vivos, para sorpresa de todos, cazaba sólo y eso para todos era una aventura por el peligro que suponía enfrentarse a estos animales. A la semana siguiente consiguió uno y a la otra semana tres. El pueblo no tenía nada que perder si había jabalí se le pagaba y si no lo conseguía, pues no.
No se explicaban como podía conseguirlo y lo siguieron a escondidas para saber cual era su secreto de caza, partió hacia el monte para descubrir cual era el misterio de cazar con tanta facilidad a estos jabalíes y con mucha curiosidad, lo persiguieron de mañana bien temprano, un conocedor de los hábitos de estos animales sabe cual es la zona por la que se mueven y observaron como clavaba una estaca en el suelo en medio de un claro y luego sacaba de su morral unas cuantas mazorcas de maíz que dejaba junto al palo clavado, una vez hecho esto se retiraba unos pasos se escondía y espiaba, observaba como llegaban los jabalíes y al principio recelosos se acercaban con prudencia pensando que había una trampa , pero como no ocurría nada, daban buena cuenta de las mazorcas. Al día siguiente, el cazador volvió. Traía otra estaca que clavó junto a la que estaba clavada y repitió lo mismo del día anterior, comían y se iban de manera que poco a poco les ganaba su confianza y cada día añadía dos o tres postes más hasta que en forma de U conseguía realizar un cercado que el último día cerraba la salida con el poste definitivo mientras permanecían comiendo dentro del cercado. De esta manera conseguía cazarlos vivos, dándoles poco a poco seguridad hasta que se encontraban encerrados. «

No podemos negociar con nuestra libertad, cualquier forma de renuncia nos hace encontrarnos cada vez más encerrados, perdiendo nuestra calidad de vida, escuchamos las noticias que nos acompañan y clavamos una estaca, nos hablan de enfermedades y clavamos otra estaca, tomamos medidas para reaccionar y clavamos otra, y así sucesivamente y poco a poco nos encontramos encerrados en nuestro cercado particular que nos obliga a perder nuestro bien más preciado que se llama LIBERTAD. Que no es más que la facultad y el derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad.
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