Añoranzas

Un día seré viejo y no podré entrenar karate con la misma intensidad, lo sé. Mi karategui quedará como el símbolo de mis recuerdos.

He sentido frustración, miedo ,dolor me he caído y levantado, hasta me he herido, pero también me he sentido muy feliz dentro y fuera del tatami, he hablado incontables veces sólo , he sudado y he gritado como un loco, y ha habido veces en las que he llorado, he visto lugares maravillosos y he tenido experiencias inolvidables, he tenido situaciones de las que ni yo mismo sé… como he salido de ellas… he parado mil veces para observar un detalle y he hablado de karate con totales desconocidos, olvidándome de la gente y el entorno que veo a diario.

He entrenado con mis herman@s y he regresado a casa con mucha paz en mi corazón. Cada vez que me pongo mi karategui y anudo mi cinturón, pienso lo maravilloso que es tomar el camino, sin tener un destino trazado.

He dejado de discutir con quien no me entiende, y con los que sí, solo me ha hecho falta comunicarme con una mirada.

Es muy cierto: no es fácil el día a día, a veces se convierte en algo duro, en definitiva, es un pedazo de sentimiento encontrado, pero también es la parte perdida de mis sueños y espíritu. Hay quienes me preguntan cuando dejaré el karate, no respondo, sólo sonrío y pienso: vosotros no entendéis esto, y no hay ninguna explicación que les sea suficiente, pero también están los que sí me entienden y para ellos ¡ninguna explicación es necesaria!.

Es imposible describir la paz y libertad que se siente al entrar en un tatami para quien nunca lo ha hecho, sólo lo sabemos quienes lo hacemos a diario.

REI para todos mis herman@s que viven este camino “DO”.

– Un aprendiz

UN CUENTO DE FELICIDAD

Los cuentos han nacido para ser contados, no escritos, ni leídos, hoy gracias a la tecnología podemos contar cuentos para hacernos pensar.

Ésta es la historia de un buscador, tampoco es alguien que necesariamente sabe lo que está buscando, más bien su vida es una búsqueda. Un día se encaminó hacía un lugar que no sabía , dónde , ni qué quería encontrar, dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó a lo lejos una ciudad, un poco antes de llegar al pueblo una colina a la derecha del sendero le llamó la atención, estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de flores, pájaros y árboles ,estaba rodeado de una especie de valla circundante con una portezuela pequeña de bronce que lo invitaba a entrar, de pronto se olvidó del pueblo y sucumbió a la tentación de entrar a descansar en aquél maravilloso lugar. El buscador traspasó el umbral y comenzó a caminar entre piedras blancas que estaban distribuidas entre los árboles, sus ojos se posaban como mariposas en cada detalle de ese paraíso, su mirada era la de un buscador, encontró entre las piedras, aquella inscripción con un nombre » Aquí descansa en paz alguien que vivió ocho años , tres meses, seis semanas, tres días y quince horas «. Se sobrecogió al darse cuenta de que aquella piedra no era sólo una piedra, era una lápida. Sintió pena que un niño de tan corta edad estaba enterrado en esa tumba, miró a su alrededor y se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción y comenzó a leerla tenia también un nombre, y decía » Vivió cinco años seis meses y dos semanas , cinco días con tres horas «. Se sintió conmocionado ,éste hermoso lugar era un cementerio, rodeado de tumbas de niños de corta edad, el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los doce años, embargado por un dolor terrible se sentó y lloró. El viejo cuidador del cementerio que pasaba por allí, se le acercó y le preguntó si lloraba por algún familiar, y el buscador le contestó, qué pasa con éste pueblo , que cosa tan terrible ocurre que todos los que mueren son niños de tan corta edad, cuál es la horrible maldición que pesa sobre ésta gente. El anciano se sonrió, puede usted estar tranquilo no existe tal maldición y le explicó cuando un joven cumple unos años en este pueblo, sus padres le regalan una libreta para que se la cuelguen en el cuello, cómo ésta que yo llevo y es tradición entre todos nosotros que cada vez que cada uno disfruta intensamente de algo, anote en su libreta a la izquierda que fue lo disfrutado y a la derecha cuánto tiempo lo disfrutó:

Conoció a su novia, y se enamoró de ella, el tiempo fueron dos o tres meses o semanas.

Su primer beso, la emoción del primer beso, cuanto duró, dos días ,una semana.

El nacimiento de su primer hijo.

La boda de su mejor amigo.

El encuentro con el hermano que vuelve después de tanto tiempo.

El viaje más deseado, cuánto duró.

Cuánto tiempo tardó en disfrutar de estas sensaciones y de todas las demás que fueron felices a lo largo de sus vidas, meses, días, horas y así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente. Cuando alguien se muere es nuestra costumbre agarrar su libreta y sumar todos los momentos felices a lo largo de sus vidas , por que ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.

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